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Crecimiento de Internet 18 Junio 2020

¿Cómo es el mundo post COVID en los estados insulares pequeños en vías de desarrollo (SIDS, por sus siglas en inglés)?

Este artículo del blog fue publicado originalmente por DiploFoundation.

“Tenemos que garantizar la digitalización de todos nuestros procesos empresariales para facilitar la transformación digital efectiva de nuestros gobiernos, empresas e instituciones educativas, de manera que las soluciones desestabilizadoras creadas por la pandemia, incluidos el teletrabajo, la telesalud, la educación online y la tecnología financiera, se reconozcan colectivamente como un eje central en nuestra historia”.

Ahí está… Lo he hecho… He cumplido el desafío que consiste en ver cuántas palabras de moda y argot puedo meter en una sola frase.

Todo lo que hemos leído sobre la gestión de los problemas que afrontará la economía global en el mundo post COVID-19 suele sonar muy parecido a lo que he escrito antes. No puedo prometer que no vaya a tocar estos temas otra vez y volver a usar estas palabras tan de moda, pero espero poder aportar cierto grado de pragmatismo a la conversación, sobre todo considerando que soy de Trinidad y Tobago, un país formado por dos islas del Caribe, clasificado como estado insular pequeño en vías de desarrollo (SIDS, por sus siglas en inglés), junto a otros 50 estados repartidos por los océanos.

Las economías SIDS se caracterizan generalmente por su dependencia de los ingresos derivados de la exportación de materias primas o bienes parcialmente acabados extraídos de los elementos físicos de sus territorios como, por ejemplo, azúcar, plátanos, cacao, té, café o cualquier otro producto comestible, o bauxita, oro, petróleo, gas natural o cualquier otro recurso mineral que se intercambia en los mercados internacionales, o de las numerosas industrias transformadoras basadas en estas actividades extractivas. También me atrevería a incluir el turismo como parte de este fenómeno de dependencia, ya que está basado en los elementos físicos del “sol, la arena y el mar” o en el caso de aquellos menos bendecidos por la abundancia, los elementos básicos de la naturaleza que sustentan el vibrante sector del “ecoturismo”.

¿Cuál es el denominador común de todas estas actividades? Antes he utilizado los términos “dependiente y dependencia”, ya que, sin duda, las economías SIDS muestran elementos de lo que Best y Levitt describen como “economía de plantación” (véase el trabajo de George Beckford a este respecto). Una economía de plantación es una variante o hermana estructuralista individual (según la perspectiva con la que se mire) de la teoría de dependencia reformista neomarxista/liberal de los años 70 y posteriormente de las teorías de “sistema mundial” que predominaron en el pensamiento académico de América Latina y el Caribe de la época.

Estos aspectos o características incluyen la historia de las principales propiedades industriales de corporaciones multinacionales, la repatriación de las ganancias y los vínculos domésticos entre limitados e inexistentes en los SIDS. En esencia, la balanza comercial entre los SIDS y los países socios comerciales de la “metrópolis” es desigual y casi por completo a favor de los países desarrollados, lo que da como resultado un patrón de distribución de los ingresos que discrimina efectivamente la transformación económica.

Todo esto significa que las economías SIDS se ven desproporcionalmente afectadas por los cambios en los patrones económicos globales. Estas economías corren un riesgo más alto de perder prioridad en las cadenas de suministro globales y, lógicamente, tienen un mayor riesgo de desestabilización durante el avance hacia una economía digital globalizada. Por no mencionar la probabilidad de llevar la carga añadida de ser de los primeros países en sentir los efectos de la emergencia climática, incluidos los peligros y catástrofes naturales impredecibles como, por ejemplo, huracanes/ciclones, inundaciones, desprendimientos de tierra, sequías y hasta terremotos. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), las pérdidas económicas de los SIDS por catástrofes aumentaron considerablemente de 8.700 millones de USD (2000-2007) a 14.000 millones de USD (2008–2015). El cambio climático plantea otro desafío, ya que el aumento del nivel del mar provoca inundaciones costeras extremas y amenaza el sustento de más de 4,2 millones de personas. En este sentido, los SIDS ya se enfrentan a desafíos extraordinarios para proteger a sus habitantes, infraestructura y formas de vida, y cumplir los objetivos de desarrollo sostenible (ODS).

Figura 1. Media absoluta e impacto relativo de las catástrofes en países SIDS y países no SIDS (2006-2016). Fuente: FAO, 2017, pág. 30.
Figura 2. Todos los SIDS – Pérdidas de cultivos y producción de ganado por tipo de catástrofe (2005-2015). Fuente: FAO, 2017, pág. 30.

Así pues, mientras el mundo empieza poco a poco a planificar la nueva normalidad después de la COVID-19, ¿qué significa para los SIDS, dadas sus circunstancias particulares? Sí es cierto que la solución única ofrecida por las agencias de ayuda al desarrollo/préstamos no funcionará en este caso. Del mismo modo, si bien cada país debe buscar su plan de recuperación individualizado y contextualizado, es probable que existan ámbitos para la cooperación entre los océanos, en los que la colaboración y el trabajo en común en los más de 50 países, o al menos en sus colectivos regionales, los pondrá en una posición más fuerte para evitar ramificaciones de marginalización, mientras todo el mundo lucha por optimizar los escasos recursos disponibles a lo largo de los próximos 12 meses.

Seguridad alimentaria

El Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (WFP, por sus siglas en inglés) estima que el número de personas que se enfrentará a la inseguridad alimentaria grave (IPC/CH 3 o peor) aumentará hasta 265 millones de personas en 2020, 130 millones más desde los 135 millones en 2019 como resultado del impacto económico de la COVID-19. Los SIDS tienen el potencial de verse afectados gravemente, ya que la mayoría son importadores netos de alimentos con poblaciones que dependen de los ingresos de envíos de dinero y turismo. Los SIDS extremadamente empobrecidos como Haití, donde 3,7 millones de personas (el 35 % de la población) están pasando una crisis alimentaria o situaciones peores, necesitarán ayuda de las agencias donantes regionales y globales, así como de otros países que pueden ayudar. Sin embargo, se está poniendo de manifiesto que, probablemente, la pandemia de la COVID-19 acabe provocando alteraciones generales de la cadena de suministro alimentaria a corto y medio plazo. Los estados deben asegurarse de que las políticas fiscales y comerciales que se adopten como respuesta a la pandemia estimulen el fortalecimiento del comercio mundial de alimentos, en lugar de debilitarlo o alterarlo involuntariamente. Una medida particularmente interesante que se ha propuesto procede de la región de América Latina y el Caribe. Se recomendó que los estados contemplasen la introducción y promoción de plataformas digitales y aplicaciones para el comercio de alimentos así como otras medidas para reducir el impacto del distanciamiento social saludable y ayudar a las cadenas con menos intermediarios entre productores, pymes locales y consumidores.

Atención médica

Ha quedado bien documentado que los SIDS tienen casos desproporcionadamente altos de enfermedades no contagiosas (NCD, por sus siglas en inglés) como, por ejemplo, cáncer, diabetes, cardiopatía e hipertensión con índices inaceptablemente altos de morbilidad y mortalidad.

Actualmente, las NCD suponen cerca de un 75 % de todas las muertes en los países y territorios de las islas del Pacífico, lo que incluye índices mucho más altos de muerte prematura (con menos de 60 años) en numerosos países del Pacífico respecto a la media global. Varios países con los índices más altos de sobrepeso y obesidad del mundo están en SIDS del Caribe y del Pacífico, con el factor añadido de que tres de los 10 peores índices de tabaquismo del mundo están en la región del Pacífico. Por lo tanto, los sistemas de salud de los SIDS ya han estado bajo una tremenda presión antes de la COVID-19, y la pandemia actual ha obligado a los estados a invertir una cantidad considerable de recursos adicionales para prepararse y reaccionar ante la carga añadida de la naturaleza aún prácticamente desconocida y extremadamente contagiosa de la enfermedad. De momento, aún no hay un tratamiento, cura o vacuna aprobada para el coronavirus y tampoco parece asomar por el horizonte una solución inmediata. Para este fin, los profesionales sanitarios y los hospitales de los SIDS seguirán soportando tensiones en su intento para neutralizar la situación, a lo que se suma el hecho de verse particularmente afectados por la escasez global de equipos de protección individuales (EPI), un material imprescindible para que los profesionales sanitarios puedan seguir trabajando con eficacia para combatir la epidemia nacional y, lógicamente, para mantenerse sanos y vivos.

Política digital y asuntos relacionados

Dada su naturaleza particular y antes de la pandemia, los SIDS ya se han enfrentado a los desafíos de la distancia geográfica y la imposibilidad de participar en términos de igualdad en todo tipo de actividades. Viajar es difícil y a menudo prohibitivamente caro tanto en el ámbito doméstico como internacional. La conectividad a Internet sigue siendo un desafío persistente en términos de último kilómetro y prestación de servicios de banda ancha más allá del servicio de mejor esfuerzo en zonas remotas y con poca población/desatentidas/sin servicio en los territorios. Las empresas son lentas y suelen resistirse a adaptarse al pensamiento digital, incluido (paradójicamente) el concepto de teletrabajo, mientras que los colegios no tienen recursos para ofrecer a los estudiantes y profesores las aptitudes y equipos para adaptarse fácilmente a las modalidades de educación online, por no mencionar los gastos adicionales necesarios para incorporar el pensamiento digital a los currículums estandarizados.

En estos momentos existe una oportunidad para provocar un tsunami virtual (convertir un concepto habitualmente negativo en uno positivo) que contemple oleadas de transformación digital con una repercusión positiva para los SIDS. Una especie de tormenta perfecta que incluya varios puntos.

  • Los gobiernos y organismos reguladores de telecomunicaciones deben desplegar y desbloquear los recursos del Fondo de Servicio Universal para abordar de una vez por todas los desafíos de acceso, accesibilidad e inclusión digital pendientes en los SIDS, con lo que se garantizará una conectividad de banda ancha asequible y transformadora.
  • Las cámaras de comercio, las agencias de desarrollo de las pequeñas empresas de los estados y las entidades de promoción de la exportación deben sumar fuerzas para eliminar las trabas que actualmente prohíben la aceleración del desarrollo digital de las empresas como, por ejemplo:
    • promover la adopción general de actividades de comercio electrónico local y desarrollar capacidad institucional (teniendo en cuenta la legislación, los incentivos fiscales, la infraestructura tecnológica, etc.);
  • Los actores del sector público y privado deben adoptar protocolos de trabajo desde casa/en remoto que contemplen iniciativas de buenas prácticas como, por ejemplo, jornadas con plantillas (por ejemplo, tres días a distancia, dos días presencial) y turnos escalonados, ofrecer, cuando corresponda, las herramientas necesarias para favorecer el trabajo desde casa (por ejemplo, reembolso de los gastos de conexión de banda ancha y datos móviles que corresponda, si no están incluidos en los planes ofrecidos por la empresa; préstamos/asignación de equipos móviles; ayuda para la instalación de oficinas en casa; y la implantación de herramientas de productividad colectiva que mejoren potencialmente la productividad al trabajar a distancia).
  • El paradigma de educación y formación debe dar un salto cualitativo hacia la adopción total de la transformación digital en los siguientes niveles: estrategia, desarrollo curricular, infraestructura tecnológica y plataformas de aprendizaje digital, análisis de datos y desarrollo de aptitudes permanente. El impulso que recibió la industria más grande como resultado de la pandemia debe apoyarse ahora en las lecciones que hemos aprendido de los SIDS. Y desde una perspectiva global, estas experiencias recientes pueden incorporarse a un estímulo de mayor magnitud para hacer que la educación y la formación sean más relevantes y estén al alcance de muchos más grupos de una forma simultánea y a un ritmo individual.

Lee el informe Garantizar la conectividad sostenible en los estados insulares pequeños en vías de desarrollo


Imagen de las Maldivas de Ishan @seefromthesky vía Unsplash

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Descargo de responsabilidad: Las opiniones expresadas en esta publicación pertenecen al autor y pueden o no reflejar las posiciones oficiales de Internet Society.

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