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Fortalecimiento de Internet 26 mayo 2022

Viejas reglas en las normas nuevas – Por qué la política del «Remitente paga» es una amenaza directa a Internet

Carl Gahnberg
Por Carl GahnbergDirector, Policy Development & Research
David Frautschy
David FrautschySenior Director, European Government and Regulatory Affairs

Este mes publicamos un nuevo artículo sobre el impacto en Internet relacionado con las “Reglas de interconexión de Corea del Sur”. La conclusión de nuestro análisis técnico fue que las reglas actuales y la legislación propuesta recientemente ralentizarán la digitalización del país y presentarán una amenaza directa a Internet. El análisis se centró en las reglas obligatorias sobre un régimen de acuerdos comerciales de interconexión muy particular entre los operadores de telecomunicaciones y los proveedores de servicios de Internet denominado el “Remitente paga”. En Europa se está volviendo a debatir un régimen de interconexión similar, debido a la insistencia de los operadores de telecomunicaciones, a pesar de que fue analizado y rechazado hace unos años.

La idea básica de Internet es una red de redes independientes que se interconectan para formar un sistema compartido de conectividad entre todos los participantes. Este modelo ha demostrado su valor una y otra vez en las últimas décadas y más recientemente durante la pandemia de COVID-19. Los acuerdos voluntarios de interconexión permiten a los operadores de redes optimizar su conectividad con otros para satisfacer las necesidades de sus clientes. El resultado ha sido una red eficiente y resistente, capaz de evolucionar para albergar nuevas aplicaciones (como las llamadas de voz o los juegos) e implantar servicios innovadores a escala mundial. Y esto se produce sin contratar previamente a todos los integrantes del sistema.

Es literalmente el resultado de la «forma de establecer redes» de Internet.

Las normas de interconexión de Corea del Sur, y propuestas similares que ahora vuelven a entrar en el debate europeo, entran en conflicto directo con este modelo de red de Internet. Suponen una idea de modelo de pago regulado en el que las partes comunicantes cobran por el tráfico que intercambian. Lo proponen los operadores de telecomunicaciones porque, de hecho, es el modelo de pago que han utilizado tradicionalmente durante casi un siglo para su negocio de tráfico de voz. Ese modelo era útil en una época completamente diferente y con tecnologías anteriores a Internet.

En el sistema telefónico, se cobraba a las personas que llamaban por ocupar un recurso (es decir, un «circuito» o «línea») en la red durante un determinado periodo de tiempo. Si un usuario llamaba a alguien de otra red, el operador de telecomunicaciones le facturaba el tiempo que ocupaba el circuito y el coste que le cobraba la segunda red por ocupar su circuito (también llamado «tasa de terminación»). También es la razón por la que las llamadas de larga distancia podían resultar muy caras, ya que se facturaba al usuario por la ocupación de los circuitos de todas las redes a lo largo del trayecto de la llamada. El coste total para el usuario era una función de las tarifas de terminación reguladas negociadas entre el proveedor del usuario y todas las demás redes telefónicas del sistema.

Era un modelo de pago que tenía sentido en la “forma de trabajar en red” del sistema telefónico.

Sin embargo, cuando se aplica al modelo de red de Internet, este enfoque no tiene sentido. En primer lugar, hay que tener en cuenta que los defensores del modelo el «Remitente paga» cambian la lógica y ya no se trata de cobrar a la entidad que inicia la comunicación, el usuario, sino a la entidad que responde, el proveedor de contenidos. Esto ni siquiera tiene sentido en el antiguo modelo de cobro basado en circuitos. Lo más importante es que Internet no es una red basada en circuitos, sino en paquetes. Su modelo económico es fundamentalmente diferente.

Hoy en día, la interconexión en Internet se acuerda voluntariamente a través de una de las siguientes formas de acuerdos comerciales:

  1. Una red paga a otra para llevar el tráfico a todas las partes de Internet (tránsito);
  2. Una red paga a otra para intercambiar tráfico entre sus clientes (pares de pago);
  3. Una red establece una relación sin pagos con otra red para intercambiar tráfico entre sus clientes (a menudo llamado pares «sin pago»).

El modelo de pares sin pago es el más preferido. Estudios anteriores estiman que más del 99 % de los acuerdos de interconexión de Internet son informales y, por lo general, sin pagos.

Un marco de interconexión con el modelo el “Remitente paga” que obligue a pagar por la interconexión entre redes, por ejemplo, entre las redes de telecomunicaciones y los proveedores de contenidos, entra en conflicto directo con la autonomía de las redes en el modelo de Internet. Al establecer un conjunto de requisitos para las partes participantes, limita la flexibilidad de las redes para negociar cómo se interconectan. Esto interfiere con la naturaleza voluntaria de Internet, por la que las redes independientes son libres de gestionar sus acuerdos de conectividad según las necesidades locales. Esto se traduce en flujos de tráfico ineficientes, mayores costes de transmisión de datos, una topología de red más jerárquica y menos resistente y una menor calidad de los servicios para los usuarios del país. Esto no quiere decir que un proveedor de acceso o de contenidos no pueda negociar un acuerdo basado en el volumen de tráfico con sus vecinos de red proveedores de contenidos. Solo se trata de decir que esas negociaciones no deben ser reguladas.

Además, la «forma de interconexión» de Internet establece que una vez que una red se ha conectado a Internet, está al alcance de cualquier usuario del mundo porque forma parte del Internet global. Para ello, solo necesita encontrar una red ya conectada a Internet y negociar cómo interconectarse con ella. Este modelo sencillo ha permitido que Internet prospere y se amplíe continuamente gracias a los muchos tipos de organizaciones que deciden conectarse a ella. Así es como Internet se implantó a escala mundial.

Los defensores de la reintroducción de esas normas antiguas en la nueva reglamentación quieren que los proveedores de contenidos negocien diferentes acuerdos en condiciones reguladas con muchas otras redes alejadas en todo el mundo, antes de intercambiar tráfico con ellas. Esto supone una fuerte barrera para conectarse efectivamente a Internet. La consecuencia es una forma de fragmentación de Internet en la que los usuarios finales solo pueden acceder a los servicios en línea que han contratado con su proveedor de Internet o de telecomunicaciones. Y en la calidad y condiciones estipuladas en estos acuerdos. Además, y en función de su aplicación, estas propuestas suponen cobrar más a los servicios «valiosos» que a los demás. Se rompe entonces la expectativa de que todos los paquetes son iguales y, por tanto, se tratan de forma neutral.

Si dejamos de tratar a Internet como una red de propósito general neutral en cuanto a tecnología, la perderemos.

La Comisión Europea y el Consejo están escuchando estas peticiones de los operadores de telecomunicaciones y han optado por introducir este debate como parte de la Declaración sobre Derechos y Principios Digitales. Revivir un viejo debate puede ser productivo, pero los argumentos tienen que basarse en argumentos técnicos sólidos. Instamos a los responsables políticos, especialmente a los firmantes de la reciente Declaración sobre el Futuro de Internet, a que consideren detenidamente las consecuencias de este tipo de normas del “Remitente paga”, y a que realicen evaluaciones del impacto en Internet teniendo en cuenta las implicaciones para el modelo de red de Internet.


Crédito de la imagen: Wendy Scofield

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Descargo de responsabilidad: Los puntos de vista expresados en esta publicación pertenecen al autor y pueden o no reflejar las posiciones oficiales de Internet Society.

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