La conectividad y el acceso a Internet constituyen un elemento clave para el desarrollo económico y social que puede mejorar la calidad de vida de las personas en todas partes; permitir a los pobres acceder a los servicios financieros; ayudar a las personas con su educación y empoderarlas; así como darles una voz cuando carecen de ella. Pero con solo un poco más de la mitad de la población mundial con acceso a Internet, no todos beneficiamos de sus ventajas.
La conectividad a Internet también permite el cumplimiento y el ejercicio de los derechos humanos. Las TIC permiten a las personas ejercer su libertad de expresión y otros derechos fundamentales. El acceso a Internet constituye, también, un elemento central de la agenda de desarrollo y del éxito de los Objetivos de desarrollo sostenible. La falta de acceso grava la desigualdad, y conlleva muchas desventajas para los que quedan desconectados.
Las estadísticas de la UIT muestran que existe el doble de suscripciones a banda ancha móvil por cada 100 habitantes en los países desarrollados que en los países en desarrollo, y cuatro veces más en los países desarrollados que en países menos adelantados (PMA).
Cerrar la brecha de acceso al Internet es una cuestión de justicia social y de responsabilidad mundial. Todos tenemos que trabajar juntos para cerrar la brecha digital y fomentar una sociedad digital inclusiva.